TRES

Muestra colectiva entre Julio Alan Lepez, Paz Bardi y Santiago Erausquin.

 

Uno de los principales deleites que brinda la llamada pintura figurativa es sin duda el de capturar y moldear a su antojo el mundo que le rodea. Las posibilidades de tal manipulación son virtualmente infinitas y se establece así un juego entre el espectador y el artista, el artista y sus modelos.

Aquí podemos verlo.

Santiago Erausquin presenta a los suyos bajo un abundante y camaleónico despliegue de superficies, como una piel sugerente y tornasolada en la que se pavonean, seducen e incitan.

Paz Bardi en cambio involucra a los suyos en misteriosos encuentros, mezcla de llave y abrazo, donde la paradoja de una danza estática funciona como espejo del propio hacer, deleite de pinceladas que bailan y se detienen.

Julio Alan Lepez, por su parte, inventa cortes reales o fingidos sobre sus figuras, las borra, las escribe, y violenta así el relato hacia un universo de leyes propias.

A partir de allí el juego se complica. Y aunque la interpretacion es quehacer privativo del espectador, diremos simplemente que en algunos casos lo que prima es la ironía, en otros la contundencia arcaica y totémica de los cuerpos, y en un tercero la contención de lo inminente, la corriente que subyace en todo hacer y sus absurdos.

Tres son las miradas, tres las historias. Y múltiples las lecturas, porque ya se sabe: tres son multitud.

Julio Alan Lepez 

http://www.julioalanlepez.com.ar/

Nos miran. Están hechos, eso es claro, de pinceladas de colores, de líneas al fin porque la mano no puede evitarla cuando empuña un pincel; puede superponerlas hasta lograr una mancha pero acá no hay manchas, a lo sumo planos que no ocultan su constitución, su condición casi orgánica —porque si hay algo que la pintura muestra siempre, aunque más no sea como huellas, es el cuerpo que la hizo—, el pulso que agita, mínimo y vital, a la mano que pinta, que desliza el pincel sobre el lienzo. Hay líneas vivas, entonces, que vibran de la vida del ser que las trazó y vibran de sus propios colores y vibran, también y sobre todo, de la vida que representan, que capturan: la del artista y la del cuadro mismo y, acá hay cuerpos, la de los representados. Vueltos a poner ahí, presentados y, una vez más, presentados pero ahora en la mediación de la pintura. Hechos cuadro, trazo, color, signo, nos miran, nos interpelan, nos suponen ahí enfrente de ellos, nos ponen en un lugar, el fuera de cuadro: nos incluyen afuera.

Hay un chico joven que nos mira directo a los ojos mientras otro, que le habla, con los párpados bajos, no mira más que su propio susurro. Un tercero, que parece mayor que los otros dos, los mira a ellos. 

Hay una adolescente que se mutila —se las corta pero el gesto parece mutilarla— pestañas y cejas mirándose en un espejo que no podemos ser más que nosotros.

Hay dos chicos sentados en una bañera bajo la luz roja de unas lámparas chinas y las azuladas que emite algún laser, como esperando que la esta arranque o dejándola caer plácidamente. Uno de ellos mira hacia abajo, hacia la lata de cerveza que sostiene en la mano. La otra nos mira directamente a los ojos. Es la artista, que se pintó metiéndonos adentro de la esta o dejándonos afuera: en cualquier caso, tensando una distancia a fuerza de mirada.

Nos miran, nos obligan a mirarlos, nos interpelan, están hechos de pinceladas que son líneas de colores y huellas del pulso vital de un cuerpo, el del artista. Y se trata de una clase de artistas en particular: los que quieren representar algún pequeño fragmento de este mundo de modo tal que nos interpele a todos. Artistas que hacen obras que se nos

brindan, que nos invitan a entrar. A todos. Artistas de los más ambiciosos, los que quieren dialogar no sólo con los especialistas sino con sus contemporáneos en general. Por eso nos miran, porque desafían: a sí mismos y a nosotros también.

Y son potentes y hermosos.

Gabriela Cabezón Cámara

TODOS JUNTOS, TODOS SOLOS.

Muestra individual en Espacio Ftalo, BA, mayo/junio 2018

 

 

Paz Bardi no pinta lo que ve, sino que pinta para ver. Su gesto pictórico es existencia, una forma de sobrevivir, un cuestionar el mundo que no intenta dar con respuestas aleccionadoras. En su obra, materia y expresión se afirman de modo contundente y sin embargo, lo inquietante se desliza a cada oportunidad. Es el sutil juego de tensiones que se despliega a lo largo del repertorio, lo que hace de estos retratos una obra cautivante, que atrapa la mirada del espectador y la retiene. 

Bardi trabaja al filo del abismo, sus obras captan el preciso instante donde todo puede suceder. Habitan en la dicotomía entre lo espontaneo de un recorte fotográfico y la evidencia del artificio pictórico, la materia, la pincelada. Del mismo modo, el conflicto no cede ante las grandes figuras humanas y un fondo que se rehúsa a mantenerse neutro y anodino. Es allí, en un marco de familiaridad, donde Bardi introduce pequeños gestos que rompen con la aparente calma de lo cotidiano. Una nota de color inesperada, una mano en torsión, una mirada que interpela y cuestiona, que devela una cierta profundidad psicológica antes de levantar un alto muro. Así emerge lo extraño entre lo familiar, una tensión que no quiere marcharse, el dinamismo de lo que puede suceder.

Con una mirada antropológica, Bardi se coloca al margen de la escena. El baile funciona como una metáfora doble, por un lado es la soledad acompañada en la que discurren los días más ordinarios, por otro, el puente que aún puede tenderse, el paso necesario hacia la empatía, “una suerte de magia que nos pueda hacer bailar".

Todos juntos, todos solos es el oxímoron definitivo que titula la muestra. Así transitamos la vida, así bailamos. 

Eliana Madera

La obra explora el juego entre la cercanía y la distancia: el oxímoron de la soledad en la multitud. El ser solo, condición intrínseca de lo humano, puede presentarse yuxtapuesto a la presencia del otro y alterarlo todo. Existe una búsqueda para soportar lo inentendible y lo insoportable del ser que necesita de un semejante. Ahí podría estar el papel del otro: aquel que es y expresa su ser y, además, es el reflejo de uno mismo. Con ese otro cerca algo se comparte y algo se quiebra: en la compañía se establece el juego de roles que nos unifica y nos define indefectiblemente desde una distancia. Sólo con un otro se evidencia el truco del entendimiento que, como en un rito ancestral, permite que se instale una suerte de magia que nos pueda hacer bailar. 

Recién en ese estado del asunto aparece la reflexión temporal: estas escenas no son más que instantes que se ubican entre una cosa y la siguiente, entre una taza de café y el segundo tema del disco, entre una pincelada y eso que todavía no dije pero que está a punto de enunciarse.

La pintura entendida así me permite ser extranjera en mi propia vida, observadora que se olvida del ser mujer, del ser hermana, del vivir en un tiempo lineal. Soy testigo de una infinidad de patrones acumulados, de miles de relaciones humanas, pero rescato, con mi obra ese momento y ese espacio en el que se enredan para definirse. Y entonces llega la empatía del saberse bailando, todos juntos, todos solos.

Paz Bardi

BIOGRAFIA POR S.E. PARA LA MUESTRA 'TODOS JUNTOS,TODOS SOLOS'.

Cuando Paz Bardi nació Capricornio estaba en los cielos. Y no tanto para ella, sino para abordar a los demás, la astrología le permitió buscar patrones en las conductas de las personas.

Paz mira a las personas de manera especial.

Paz es Pachi para sus ex-compañeros de Artes Visuales (con quienes compartió dos años de estudio), Pachu para algunos amigos pero fue Pitu en el ámbito familiar. De pequeña dibujaba geometrías con lapicera mientras hablaba por teléfono. Es difícil todavía conectar estas formas con los cuadros que hace ahora y que integran esta muestra. Tal vez el hecho de estar conectada y distante al mismo tiempo con la otra persona y que eso se transforme en una imagen sea lo único que tenga proyecciones. 

En su formación abundan las copias. Al taller al que asistió durante su adolescencia copió un barco del pintor Duarte. El sobrino del pintor, al que tenía entre sus contactos de facebook, le dijo: “Mi tío te felicita”.

Paz vivió tres años en el viejo continente donde residió entre Toulouse, París y Berlin. Allí compartió espacios creativos con otros jóvenes artistas, participando en residencias y muestras colectivas. Experimentó con cuadernos de viaje y bandes dessinnées, que son comics, historietas, pero muy experimentales. Sin embargo, son básicas para contar cualquier historia.

“Si no fuese pintora sería escritora” confiesa hablando de sus excusas, del tiempo y el café en el cotidiano.  En el taller de Julio Alan Lepez, al que asiste desde hace varios años, además de pintar, intercambia lecturas con su maestro. Allí encontró un camino. 

De todos modos, la producción de obras fuera de este ámbito de formación es rica, ambiciosa y abundante.  El año pasado obtuvo la Mención Arte Joven, de la Fundación BanCor y su trabajo fue seleccionado en la Bienal Federal.

Las imágenes que conforman esta serie le fueron reveladas una noche, en una disco, mientras bailaba sola, entre sus amigos, que estaban en la misma que ella. De esa angustia salieron estos cuadros. En ellos están sus amigos.

Una de sus palabras favoritas en francés es pote, que significa algo parecido a amigo íntimo, compañero especial, compinche o compadre.

Santiago Erausquin

 

 

HUMANO.

Muestra individual en Niceta Espacio, BA, Septiembre 2015

Berlín Expréss es un soliloquio a dos voces donde se recogen partes de una entrevista y conversación entre Paz Bardi y Paz Ponce. Esta concesión a la ficción pretende dibujar un retrato de las inquietudes que subyacen en la práctica de la artista argentina. Rabiosamente joven, podemos afirmar que la identidad de Bardi es una en diáspora. Tras formarse en Artes Visuales por la UMSA, Paz deja Buenos Aires para embarcarse en un presente continuo que la llevará a Río de Janeiro, Toulouse, Croacia, Berlín, Marruecos... Experiencias formativas y experiencias vitales se amalgaman en la manera en que Bardi plantea sus composiciones. Siempre seducida por los grandes formatos, prestando especial atención a la materialidad y plasticidad del gesto pictórico, la Bonaerense absorbe a su paso nómada escenarios, personas, conversaciones, influencias literarias y filosóficas como fuentes principales de inspiración. Sea por la vida en tránsito o por su tránsito por la

vida, su obra tiene un punto lúdico que exacerba matices de la realidad y la fantasía en la tradición de la pintura figurativa expresionista pasando por una herencia claramente Borgiana. En la búsqueda por trascender los límites de la conciencia, con un regusto existencialista, su principal preocupación subyace en la condición humana. En esta lucha por iluminar una búsqueda interior bajo la asunción de la realidad como insuficiencia, la literatura, la filosofía y en especial la pintura son para Bardi un “refugio donde soportar la cotidianidad, una manera de seguir cuestionando lo irrespondible”. Lo inefable tiene muchos rostros y los cruces subliminales de conciencia adquieren formas versátiles entre la pintura, el dibujo y la acuarela. Un lenguaje sin abecedario para una artista que valga la paradoja, tiene mucho que decir.

Paz Ponce Pérez-Bustamante

www.pazponce.com

 

Berlín Express

Dos desconocidas en un tren. Frente a frente. La mirada de una de ellas sigue las nubes perderse entre las colinas. Hay un cambio de luz. El tren atraviesa una pared boscosa, el sonido de la velocidad queda amortiguado por el aire atrapado entre las ventanas y el estrecho pasaje. Se hace un silencio, una masa neutra en movimiento se extiende al otro lado de los cristales. El paisaje desaparece, lentamente los rostros comienzan a positivarse en el formato inconsciente de su retina.

- ¿Estamos parados o en movimiento?

- ¿Te refieres a donde estás o a lo que ves?

- Qué sensación de irrealidad…

- La realidad es insuficiente para marcar la distancia

- Entonces, ¿de qué manera se pasa de dentro a afuera? ¿Dónde está la puerta hacia el exterior?

- No sé, ¿se puede uno alejar si todavía alcanza con la vista?

- Quizá el movimiento sea sólo interior.

- Eso es verdad. Pero una verdad muy abstracta…

- Pero la verdad es abstracta. Funciona como en el cuento, como la fantasía…

“Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí”.

- Qué sensación de irrealidad…

- Sí, pero sólo basta con saber que son simples palabras.

No hay objeto alguno que sea Dinosaurio, sólo existe la palabra dinosaurio.

- Eso es una excusa

- Y una imagen, y un juego, y un lenguaje sin abecedario

- ¿La imagen juega a esconderse en la palabra o la palabra en la imagen?

- ¿El sueño juega a esconderse en la realidad o la realidad en el sueño?

- Yo creo que la imagen toca algún instinto y quiere bajar. La representación es sólo una excusa. Al final la realidad es sólo nuestra percepción de la realidad.

- Eso es una sobreexposición, una intriga emocional. Una falta de distancia personal entre donde estoy y donde alcanza mi vista, entre el dentro y el fuera. De nuevo: ¿Dónde está la puerta al exterior?

- Se llama empatía. La empatía es una cuestión de distancia, unos yo(s) sobrepuestos, un no-umbral más allá de las puertas (interiores o exteriores), o las ventanas, o las paredes, o los cuadros, o las caras.

- ¿Y qué pasa con las marcas, las historias, las cicatrices, lo particular?

- No estaba hablando en un sentido literal.

- Pero sí hablabas de literatura... Creía que la realidad es una insuficiencia, un pálido y provisional reflejo de la escritura…

- Me refería a cruzar a otro nivel de conciencia. Como un extranjero dentro de uno mismo, observándose

a uno mismo (introspicere, en latín). Reflexionar, doblarse una y otra vez sobre los pliegues de la conciencia, o de la tela. Leer y releer, alejarme de donde estoy parada, de lo que está al alcance de mi vista para llegar al silencioso vacío del “afuera” y ver desde ahí girar la tierra. 

 

El afuera se manifiesta, el silencio se disipa. Hay un cambio de voz y el paisaje de fondo atraviesa la escena a toda velocidad. Frente a frente, el encuentro de las desconocidas se disipa entre las páginas de su cuaderno. La tierra sigue girando, y el rostro, aunque nunca el mismo, siempre humano.

Paz para Paz